¿Viajarías a África para observar a un animal único en el mundo? nosotros ya lo hemos hecho

Una pequeña embarcación a motor atraca frente a una playa paradisíaca, y de ella bajamos un grupo de visitantes ataviados con gorras, sandalias de agua y cámaras fotográficas. En la cabecera del grupo se encuentra Belmiro, un guía local nacido en la isla de Orango Grande – Guinea Bissau, acostumbrado a ver la imponente figura de los hipopótamos desde pequeño. Ahora, ya de mayor, trabaja en Orango Parque Hotel, y lidera excursiones como ésta, que sirven para dar a conocer las peculiaridades de este gran mamífero a viajeros como nosotros.

Durante una caminata de cerca de 20 minutos nos introduce en la singularidad del paisaje embriagador que nos rodea, y nos cuenta cómo éste va cambiando a medida que transcurre la temporada seca.

“Lo que en octubre son prados cubiertos de hierbas verdes, en diciembre se convierte en terrenos amarillentos propios de la sabana africana”, nos explica justo antes de atravesar un arroyo que todavía está repleto del agua caída durante la estación de las lluvias.

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Único en el mundo – el hipopótamo de agua salada o marino

El croar de los anfibios nos acompaña en esa pequeña travesía silenciosa, hasta que alcanzamos de nuevo el camino que nos conducirá, por fin, al objetivo que todos compartimos a la hora de elegir viajar a este espectacular rincón del África Occidental, el archipiélago Bijagó: poder observar a un animal único en el mundo, cuya protección mereció la creación, hace más de 25 años (en 1996), del Parque Nacional de Orango – Guinea Bissau

¿Quieres venir a ver al Hipopótamo Marino?

Único en su especie, vive solo en la isla de Orango, Guinea Bissau

Ése animal es el hipopótamo de agua salada o marino, que alterna su vida entre manglares, ríos y lagunas, siendo las de la región de Anor sus preferidas para pasar el inicio de la temporada seca, aprovechando que aún están llenas de agua.

Ahí nos encontramos justamente hoy, y Belmiro nos pide absoluto silencio. Nos aproximamos a una especie imponente, a la que hay que proteger y respetar. No sólo por su situación en peligro de extinción, sino porque es el emblema del Parque Nacional de Orango, y un animal al que la religión animista del pueblo Bijagó venera.

Todo eso nos lo va contando en voz baja mientras subimos, peldaño a peldaño, al observatorio de la primera laguna, y antes de que nos entregue los binoculares que nos permitirán ver a una familia que nunca olvidaremos.

La laguna verde, llena de nenúfares, y ubicada frente al centro de observación, permanece quieta, hasta que, en un momento dado, emerge una cabeza colosal y emite un sonido desde ya inconfundible. ¡Qué suerte hemos tenido! La naturaleza no entiende de reglas ni horarios, y no siempre es fácil presenciar lo que estamos viendo ante nuestros ojos privilegiados.

«Las cámaras de los móviles activan la opción video y los teleobjetivos apuntan a unos ojos que rehúyen del sol.»

El volumen de su cuerpo sumergido bajo el agua indica su enorme corpulencia. Belmiro nos cuenta que los machos de hipopótamo como éste pueden llegar a medir 4 metros y a pesar 3.500 kilos. Es el único de la manada. El resto de ejemplares son hembras, alguna de las cuáles vemos que está preñada. La gestación suele durar 8 meses, y la panza de esa futura mamá muestra como un nuevo hipopótamo se unirá pronto a este grupo familiar.

Podríamos estar así horas, porque la rutina diurna de este espectacular mamífero pasa por estar en remojo durante horas, evitando el calor del sol, que tanto daña su fina piel. Y no será hasta la noche cuando decidan salir, y desplazarse, por el mismo camino que ahora desandamos, hasta la playa, parándose a comer las hierbas que encuentran a su paso, que por su voraz apetito pueden llegar a ser hasta 100 kilos.

El fin de fiesta de este gigante vegetariano, del que nos despedimos con pena, antes de que el atardecer amenace con encontrárnoslo a nuestro regreso, acaba en el mar, en ese océano al que han aprendido a amar por su furia, su frescor y por su efecto desparasitador.

Un viaje a África para descubrir Guinea Bissau y la Isla de Orango

Se hace de noche, y a bordo de la embarcación, capitaneada por un marinero nativo, acostumbrado desde pequeño a dejarse guiar por las estrellas, bordeamos la costa de la isla de Orango Grande, hasta que unas luces nos atraen a nuestro siguiente destino: la preciosa playa de arena blanca que se extiende frente a Orango Parque Hotel, el único hotel que existe en el parque, y en cuyos bungalows, de estilo africano, recordaremos el momento memorable con los hipopótamos que acabamos de vivir.

Y entonces, sólo entonces, nos daremos cuenta de lo afortunados que somos al haber sido testigos de la grandeza de la naturaleza, e incluiremos de inmediato a la experiencia vivida unas horas antes en la categoría de inolvidable. El haber surcado los cielos, y el haber atravesado en barca gran parte del archipiélago Bijagó, ha tenido su recompensa: observar a un animal único en el mundo: el hipopótamo de agua salada

Si tú también te animas, ¡te esperamos en Orango Parque Hotel!

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